Catálogo conectado
Los productos, precios y existencias salen de tu programa de facturación, no de una hoja aparte que hay que acordarse de actualizar.
Montaje con precio cerrado y formación incluida
Vender fuera del mostrador sin montar una operación que luego no puedas mantener. Catálogo, pagos y envíos conectados con la facturación que ya usas.

La pregunta no es si vender online, es cuánto trabajo extra genera cada pedido. Si entra por un sitio y hay que copiarlo a mano al programa de facturación, la tienda te cuesta dinero aunque venda. Por eso empezamos por la conexión con lo que ya tienes, no por el diseño.
¿De dónde salen los precios y el stock? Si la respuesta es «de una hoja de cálculo que alguien actualiza los lunes», ese es el proyecto, no la tienda.
Los productos, precios y existencias salen de tu programa de facturación, no de una hoja aparte que hay que acordarse de actualizar.
Pasarela con tarjeta y Bizum, con las comisiones sobre la mesa antes de contratar nada y las cuentas a tu nombre.
Tarifas por zona, recogida en tienda y etiquetas de transporte generadas desde el propio pedido.
Cada pedido genera su factura en tu programa, con la serie correcta y sin volver a teclear los datos.
La ficha de empresa en buscadores y mapas, con horario, dirección y enlace a la tienda, bien puesta una vez.
Subir un producto, cambiar un precio o poner una oferta lo tienes que poder hacer tú un domingo por la noche.
Empieza pequeño
La tienda que fracasa suele ser la que salió con el catálogo completo, fotos de proveedor y ninguna descripción propia.

Sin sorpresas
Sin nadie que la mueva, una tienda online recién abierta vende poco. Si no tienes quién lo lleve, mejor empezar por la ficha en buscadores y el catálogo consultable.
Y son tuyas: nadie fotografía tu producto mejor que quien lo vende. Te explicamos cómo hacerlas con un móvil y una ventana.
Pasarela, transporte y plataforma se comen un porcentaje que hay que meter en el precio desde el primer día, no descubrirlo en el tercer mes.
Hay que decidir quién paga el porte de vuelta y escribirlo en la web antes de la primera venta, no después de la primera discusión.
Dominio, hosting, pasarela y tienda se contratan a tu nombre. Si mañana quieres irte, te vas con todo.
Condiciones de venta, desistimiento, privacidad y cookies. No son un adorno: forman parte del montaje y se entregan escritas.
El montaje
1
Elegimos entre veinte y cincuenta referencias que ya rotan bien en el mostrador.
2
Te enseñamos a fotografiar y revisamos las descripciones para que digan algo.
3
Tienda, dominio, certificado y páginas legales, con las cuentas a tu nombre.
4
Pasarela y transportista configurados, con tarifas reales por zona.
5
Pedidos reales a tres destinos, incluida una devolución, antes de abrir al público.
6
Publicar, cambiar precios y atender un pedido. Lo haces tú delante de nosotros.
Preguntas
Entre plataforma, dominio y certificado, un comercio pequeño se mueve en un gasto fijo modesto, al que hay que sumar las comisiones de la pasarela de pago por cada venta. Lo que nunca es gratis es el tiempo: alguien tiene que preparar los pedidos y contestar los correos.
Depende de qué vendas. En productos muy comparables por precio, un marketplace te da tráfico que tú no tienes; en producto propio o de nicho, la tienda propia se queda con el margen y con el cliente. Muchos negocios acaban con las dos, y no pasa nada mientras el stock salga del mismo sitio.
Casi siempre. Es lo primero que comprobamos en el diagnóstico, porque de eso depende el resto del proyecto: si no hay conexión posible, hay que replantear la herramienta o asumir que alguien va a teclear pedidos a mano todos los días.
La tienda como tal probablemente no, pero sí la carta digital, la reserva online y la ficha en buscadores y mapas bien montada, que es lo que de verdad mueve clientes en hostelería. En la página de sectores lo contamos con más detalle.
En el diagnóstico miramos de dónde saldrían el stock y los precios. Ahí se decide todo lo demás.